El
Real Zaragoza se montó en el que podía ser
su último tren hacia la permanencia con su imprescindible triunfo ante
el Granada, a pesar de seguir teniendo la
salvación a cinco puntos, en un partido que en menos de un minuto cambió
su signo con los granadinos, que estrellaron en dos ocasiones el balón
en la portería maña, ya metidos de lleno en el lío de la salvación.
Con
los dos equipos todavía asentándose sobre el terreno de juego, a los
cinco minutos un balón robado por Uche en el centro del campo le llegó a Dani Benítez que metió el miedo en el
cuerpo a los zaragocistas al estrellar su potente remate en el larguero
de un sorprendido Roberto que estaba batido.
En
la acción siguiente Carlos Aranda desbordó por la banda derecha a
Siqueira y viendo completamente solo a Dujmovic,
unos metros por detrás del punto de penalti, le envió un balón perfecto
que conectó al fondo de las mallas de Julio César. En menos de un
minuto se pasó en el estadio de La Romareda del posible gol granadino a
que fuesen los aragoneses los que se ponían por delante en el marcador.
El
conjunto de Manolo Jiménez, tan acostumbrado en los últimos años a vivir sobre el filo de la navaja y al
límite de la supervivencia, supo manejar mucho mejor que su adversario
el tiempo del juego con faltas que cortaban el ritmo de un rival que
tenía excesivos problemas para manejar el balón con criterio.
El
partido, con la acción del viento
que dificultaba controles limpios del balón, entró en una fase de
excesivo centrocampismo sin que ninguno de los dos contendientes fuesen
capaces de crear inquietud en las respectivas retaguardias. En la recta
final de la primera mitad, los zaragocistas lo intentaron con un par de
lanzamientos desde fuera del área por parte de Zuculini y Edu Oriol que
no puso en aprietos en ningún momento a Julio César.